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miércoles, 31 de octubre de 2012

6ta Parte: Ciega de Amor

        Bajaron del auto, recogieron sus cosas de la parte trasera y lentamente fueron caminando hasta esa vieja casa, con grandes ventanales, con un rosal marchitado a la derecha de un viejo portón que parecía ser la puerta para ingresar al lugar. El portón hizo un chillido de esos de las películas de terror, a Ana le dio un escalofrío. Al entrar se vio en el living de esa casa, vio grandes pinturas de una familia. Siguieron caminando y llegaron a la cocina del lugar, tenía una enorme cocina de piedra y una mesada muy linda con pequeñas manchas rojas… luego de pasar el living, la cocina, los dos baños, varios cuartos y la sala de estar llegaron a la habitación donde iban a dormir, era bastante grande, la cama de dos plazas tenía un gran manto color blanco y un acolchado de seda suave que Ana al sentarse sintió. -¿Te ha gustado? –Si José, la casa es muy bella, muchas pinturas. ¿Tu Familia es? –Eres una chica muy curiosa Ana, ¿lo sabes? Las pinturas son de la familia de mi madre –Lo soy José, perdona. –No hay de que pedir perdón Ana, quédate aquí o ve al balcón, yo iré a ver las condiciones del lugar –Está bien José
            Ya se hacía la noche y José no regresaba, estaba nerviosa ya que la casa era muy grande y ella no la conocía bien, agarró coraje y salió del cuarto, se dirigió a las escaleras y bajo al primer piso, ya que ella se encontraba en el segundo piso. Al bajar se encontró con ese living lleno de pinturas, estuvo viendo esas pinturas y en una se detuvo, esa pintura tenía una gran mancha negra en donde se encontraba una bella mujer, cabello claro y una bella y radiante sonrisa como la que ella presencio el día en que José fue a su casa y la sorprendió con una gran sonrisa , se acercó para poder apreciarlas y algo le llamó la atención, parecían ser manchas de sangre y al acercarse más notó que esa misma pintura tenía cortes, rajaduras. ¿Qué es esto? Dijo en voz muy baja, le volvieron los nervios, ¿qué era eso allí? Al mirar para atrás notó una sombra negra, que recorrió muy rápido el lugar, la sala estaba muy oscura, ya pasó a estar asustada, atinó a correr hacia las escaleras y subir lo más rápido posible, entró a su habitación  y se sentó en la bella seda. Sintió ruidos, que venían de la escalera que dirigía al ático. Tuvo un impulso muy grande de ir hacia allí y se retiró del cuarto y subió las escaleras, se encontró con muchas cajas abiertas, algo le llamo la atención otra vez, atrás de una caja se veían muchas fotos alrededor, fue hasta allí y corrió la caja, no solo se encontró con esas fotos, sino con un trapo blanco que al desplegarlo notó que era un vestido con muchas manchas de sangre y rajaduras, era muy parecido al vestido que esa bella mujer de cabello claro en la pintura tenía puesto, siguió viendo y se encontró con un cuchillo y muchas armas, todas manchadas de sangre, ya le volvían los escalofríos y el corazón le latía muy fuerte, al correr otra caja de encontró con un hueco, atinó a explorar con su mano ese hueco, sintió el algodón de la ropa, se esperaba lo peor, al seguir mirando vio que eso que estaba allí era más ropa de mujer, pero diferentes, diferentes talles estilos, todas las prendas marcadas con manchas de sangre, ya se iba a ir de ese lugar, tenía mucho miedo, sentía que ya no estaba con José, sino con Antonio Machado Vanfilgh  ese asesino de muchas mujeres. Intentó bajar pero una voz que venía subiendo la detuvo, era Antonio o “José” como él le había dicho –Muy curiosa como siempre ¿No? Ya creo que tienes una idea clara de quien soy en verdad, no trates de engañarme con que tú no sabes nada- Ana tenía miedo, como nunca había sentido –Déjame en paz Antonio, ¿Por qué has matado a tantas chicas? ¿Qué te han hecho? –¿Quieres que te diga la verdad? Mi madre engañó a mi padre con el hijo del alcalde de ese entonces, de ahí ya no creo en esas “Verdaderas Mujeres” sabes, ya no sé nada, yo no pensaba en hacerte daño pero ahora sabes mi verdadera historia, sabes que estoy acá, que me buscan y no puedo dejarte ir –Pero yo no diré nada Jose –Historias repetidas Ana, ¿Sabes cuántas veces me han dicho eso?

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