José, yo no di… -No me digas José, tu ya sabes bien
quién soy, sabes que mi nombre no es ese, no vuelvas a hacerlo –Antonio
entonces cálmate, ¿no sería una buena opción volver a ese lugar donde te
cuidaban bien, en dónde te entendían, donde te capacitaban antes de volver a
asesinar a alguien y quedar prófugo y solo?
-¿Me estás tratando de loco? –Antonio, dime ¿Te parece bien lo que
haces? La verdad querría escuchar –Si Ana si, está mal pero siempre voy a
quedar con ese remordimiento… -Ves como te calmas cuando lo hablas con alguien,
¿ves? No cometas locuras Antonio, no repitas pasos…- Ana le hablaba con mucha
calma, aunque por dentro estaba muy nerviosa, le quiso seguir hablando pero
Antonio bajó la cabeza y quedó apreciando un bello cuchillo forrado en cuero,
con sus iniciales impregnadas, brillante que aguardaba en su mano derecha –Antonio
¡Suelta ese cuchillo! -No Ana, no
puedo. No me hagas cambiar el destino, no puedo controlarlo, no puedo –Hazlo por
mi…- Antonio volvió a apreciar su fino cuchillo y lo colocó en el bolsillo
izquierdo de su pantalón –Bajemos Antonio vayamos al cuarto, cálmate, ya está –Está
bien Ana- Ana lo miró con una cara de agradecimiento y se dirigió a la escalera
para descender e ir al cuarto, Antonio
no hizo lo mismo, Ana lo esperaba abajo pero el
permanecía allí sin bajar. Volvió a subir y lo escuchó hablando con
alguien, sin que lo viera miró y lo
encontró sentado en la esquina de ese oscuro
ático, hablando por teléfono. –Yo no quiero hacer esto, te lo pido. Pero
no sé que hacer- se sentía la voz del receptor con el cual Antonio hablaba y el
mismo le decía –Tienes que hacerlo, es una obligación Antonio ¿Me vas a
defraudar por amor? Muy decepcionado quedaría, ese no sería mi hijo… -Padre no
quiero -¡Te he dicho que lo hagas! No querrás
regresar por acá ¿O si? –Si la mato probablemente volveré –Estás en un lugar
alejado, nadie escucha, nadie sabe el paradero de esa casa, nadie sabe como
llegar, nadie sabe nada. Sabes el proceso, luego te marchas, ¿hiciste lo del teléfono?
–Si padre…- Ana largó unas pequeñas lágrimas que se deslizaron por su cachete,
el padre de Antonio estaba obligando a matarla, y él estaba accediendo, Ana
bajó lo más rápido que pudo sin hacer el
más mínimo ruido y fue rumbo al cuarto. Se acostó y esperó a Antonio.
Pasaron unos 10 minutos hasta que Antonio con su rostro pálido se sentó en la
cama y repitió varias veces su nombre, Ana no contestaba así que Antonio se
imaginó que estaba durmiendo. Agarró una almohada y lentamente la colocó sobre
su cabeza, la iba a asfixiar. Presionó la almohada y espero a que quedara
inconsciente, aunque ella estaba dormida, el tenia que hacer eso. Ana nerviosa,
con toda la fuerza que pudo en el momento se dio vuelta y lo intento tirar de
la cama, Antonio cayó y junto con él cayó ese cuchillo… -Antonio ¡¡¡Qué
haces!!! Aléjate. –Perdóname Ana pero tengo que hacer esto.- Rápidamente se
levantó y fijamente miro a Ana y se dirigió a ella, Ana quiso correrse pero él la
agarró y con su mano la abofeteo tan fuerte que ella perdió la consciencia. Se
la llevó al patio trasero.
Ana se
despertó y acarició su mejilla, estaba sangrando. Se encontraba en una
habitación con una ventana muy pequeña y dentro de la habitación lo único que
había eran fotos de ciertas mujeres que ella había visto en el ático. Se levantó
y miró para afuera, Antonio estaba llegando, con un bidón blanco, muy grande.
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