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sábado, 17 de noviembre de 2012

7ma Parte: Ciega de Amor

José, yo no di… -No me digas José, tu ya sabes bien quién soy, sabes que mi nombre no es ese, no vuelvas a hacerlo –Antonio entonces cálmate, ¿no sería una buena opción volver a ese lugar donde te cuidaban bien, en dónde te entendían, donde te capacitaban antes de volver a asesinar a alguien y quedar prófugo y solo?  -¿Me estás tratando de loco? –Antonio, dime ¿Te parece bien lo que haces? La verdad querría escuchar –Si Ana si, está mal pero siempre voy a quedar con ese remordimiento… -Ves como te calmas cuando lo hablas con alguien, ¿ves? No cometas locuras Antonio, no repitas pasos…- Ana le hablaba con mucha calma, aunque por dentro estaba muy nerviosa, le quiso seguir hablando pero Antonio bajó la cabeza y quedó apreciando un bello cuchillo forrado en cuero, con sus iniciales impregnadas, brillante que aguardaba en su mano derecha –Antonio ¡Suelta ese cuchillo!    -No Ana, no puedo. No me hagas cambiar el destino, no puedo controlarlo, no puedo –Hazlo por mi…- Antonio volvió a apreciar su fino cuchillo y lo colocó en el bolsillo izquierdo de su pantalón –Bajemos Antonio vayamos al cuarto, cálmate, ya está –Está bien Ana- Ana lo miró con una cara de agradecimiento y se dirigió a la escalera para descender e ir al cuarto,  Antonio no hizo lo mismo, Ana lo esperaba abajo pero el  permanecía allí sin bajar. Volvió a subir y lo escuchó hablando con alguien,  sin que lo viera miró y lo encontró sentado en la esquina de ese oscuro  ático, hablando por teléfono. –Yo no quiero hacer esto, te lo pido. Pero no sé que hacer- se sentía la voz del receptor con el cual Antonio hablaba y el mismo le decía –Tienes que hacerlo, es una obligación Antonio ¿Me vas a defraudar por amor? Muy decepcionado quedaría, ese no sería mi hijo… -Padre no quiero  -¡Te he dicho que lo hagas! No querrás regresar por acá ¿O si? –Si la mato probablemente volveré –Estás en un lugar alejado, nadie escucha, nadie sabe el paradero de esa casa, nadie sabe como llegar, nadie sabe nada. Sabes el proceso, luego te marchas, ¿hiciste lo del teléfono? –Si padre…- Ana largó unas pequeñas lágrimas que se deslizaron por su cachete, el padre de Antonio estaba obligando a matarla, y él estaba accediendo, Ana bajó lo más rápido que pudo sin hacer el  más mínimo ruido y fue rumbo al cuarto. Se acostó y esperó a Antonio. Pasaron unos 10 minutos hasta que Antonio con su rostro pálido se sentó en la cama y repitió varias veces su nombre, Ana no contestaba así que Antonio se imaginó que estaba durmiendo. Agarró una almohada y lentamente la colocó sobre su cabeza, la iba a asfixiar. Presionó la almohada y espero a que quedara inconsciente, aunque ella estaba dormida, el tenia que hacer eso. Ana nerviosa, con toda la fuerza que pudo en el momento se dio vuelta y lo intento tirar de la cama, Antonio cayó y junto con él cayó ese cuchillo… -Antonio ¡¡¡Qué haces!!! Aléjate. –Perdóname Ana pero tengo que hacer esto.- Rápidamente se levantó y fijamente miro a Ana y se dirigió a ella, Ana quiso correrse pero él la agarró y con su mano la abofeteo tan fuerte que ella perdió la consciencia. Se la llevó al patio trasero.        
             Ana se despertó y acarició su mejilla, estaba sangrando. Se encontraba en una habitación con una ventana muy pequeña y dentro de la habitación lo único que había eran fotos de ciertas mujeres que ella había visto en el ático. Se levantó y miró para afuera, Antonio estaba llegando, con un bidón blanco, muy grande.