Luego de recorrer varios kilómetros
llegaron a un pequeño pueblo llamado San Jacinto, decidieron quedarse allí
durante algunos días en un motel del lugar. Luego de anotarse en la recepción José
se retiró de la sala rápidamente, sin razón alguna Ana no entendía, José estaba
muy raro últimamente pero como siempre ella no prestó mucha atención, firmó un
papel de ingreso que la chica del mostrador le entregó con una fina pluma que
decía “dieinseconds” le agradeció y juntando los bolsos que había dejado en un
sillón tomó rumbo a su habitación, número 532.
-José ¿Estás bien?- Preguntó Ana, no lo veía
bien, estaba pálido –Si, solo me duele un
poco la cabeza –Pero… ¿Por qué corriste? ¿Por qué no te quisiste
bajar del coche hoy? ¿Me estás ocultando algo?- De su boca salían muchas
preguntas, pero no conseguía las respuestas – ¿Ana, qué te pasa a ti? ¿Desconfías de lo que hago? No te preocupes,
estoy bien, ahora déjame descansar, no me hables en todo el día preciso pensar.
Ana no creía en sus palabras, lo veía raro, desde que lo conoció nunca le había
levantado la voz, nunca le había hablado así, pero no tenía más remedio así que
lo dejó descansar.
Se
hizo de noche y Ana caminaba sin rumbo por las calles de ese viejo pueblo,
decidió ir a la pequeña plaza del lugar. Al llegar se encontró con una
escultura muy grande de un hombre de traje con un pequeño pergamino en su mano
derecha, tenía una pequeña descripción al lado que decía: “En honor a Lucas Ruth por traer paz a este pueblo y a muchos más,
por terminar con los asesinatos de la familia Vanfilgh, Mareth y Antonio…”
Ana se detuvo, ese apellido le parecía familiar, esos nombres… “Ana María,su verdadero nombre es Antonio
Machado Vanfilgh, hijo de Mareth Vanfilgh el que ahora anda detrás de las
rejas, preso por sus delitos” esa frase, ¿De dónde la había sacado? Le sonaba
mucho en su cabeza, mucho… -¡MADRE! Dijo
en voz alta al acordarse que esas palabras se las había dicho su madre, el día
que José fue a comer a su casa. No entendía muy bien, tenía que saber más del tema,
¿y si sus padres no se habían equivocado? ¿Si decían la verdad? A Ana le dio un
escalofrío y sentía intriga y temor
sobre la situación, decidió ir a la pequeña comisaría del lugar, capaz que allí
le podrían contar algo más de la historia…
-Em…
¿Hola? ¿Hay alguien? Preciso alguna información, por favor ¿alguien está? –Buenas
Noches señorita, ¿qué hace a estas horas de la noche por aquí? –Em… solo quería
saber alguna información sobre la historia de esa escultura que está en la
plaza, vea que no soy de aquí y solo quería saber algo ¿Usted me podrá decir? –Pues
claro señorita, ¿Qué quiere saber? –Quiénes son esas personas, qué les ocurrió
y pues… en dónde andan, ¿detrás de las rejas? ¿Han Fallecido? –Señorita, veo
que tienes mucha intriga sobre lo que ha pasado, pues ven siéntate en ese
sillón azul que ves ahí a la derecha de esa puerta, ponte cómoda y yo iré a
buscar café y con gusto te contaré la historia, espérame ahí sentada, ya vendré
y te contaré. Ah, antes que me olvide… Mi nombre es Manuel Ruth, mucho gusto…
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